Un paseo por el ámbito de DCN, antes y después: El antiguo polígono de Malmea

¡Qué gusto da pasear por estas calles! Parece mentira que hace tan sólo unos años por aquí no hubiese más que escombros y fábricas en desuso.

Por no hablar de lo fácil que ha sido llegar hasta aquí. En la recién estrenada rotonda, justo donde se cruzan la prolongación de la Castellana y la de Agustín de Foxá, está una de las nuevas paradas de Metro que DCN ha hecho en el ámbito y por aquí también está la nueva parada de Cercanías: coger el coche ya no es la única alternativa para moverse. Además, a quien no le guste el transporte público, siempre puede ir en bici ¡que para esto hemos hecho casi 13 kilómetros de carril bici!

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Conexiones, equipamientos, zonas verdes, transporte público tras DCN

Mis compañeras y yo nos sentamos en una terracita, a la sombra de los árboles, mientras leemos la programación del nuevo centro cultural que se ha construido en esta zona del ámbito, y que compite con dos más que justo están en el borde colindante. Quizás más tarde nos dé tiempo ir a ver esa exposición de robótica que pinta tan bien. Aunque en la sala de música hay un concierto que también es muy tentador…

La verdad es que esta zona ha quedado verdaderamente agradable. La altura de los edificios de viviendas es equilibrada y no desentona con el entorno. Son inmuebles de unas quince plantas, todo está rodeado de zonas verdes y las calles están muy animadas.

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Recreación del gran parque central que cubrirá las vías tras la actuación de DCN

A nosotras no nos extraña: hemos dicho y explicado mil veces que esto ocurre cuando construyes una ciudad de usos mixtos, donde hay vivienda, pero también restaurantes, terrazas, comercios de toda la vida, oficinas… Aquí, donde un tiempo había fábricas de hormigón, infraviviendas y basura, ahora también hay modernos edificios de oficinas. Personalmente, me encanta el de la esquina, uno de los más altos, con 20 plantas… ¡los edificios singulares ponen rostro visible a los barrios y a la ciudad!

Con satisfacción vemos que las cosas se han hecho verdaderamente bien. Miramos a nuestro alrededor y lo que vemos es el resultado de un planteamiento de arquitectura moderna y urbanismo sostenible. Un detalle: la única cosa que valía la pena conservar, aquí está, restaurada, bonita e integrada en lo nuevo. Se trata del edificio de Volkswagen (antiguo edificio Profiden), del estudio de arquitectura Corrales-Molezún.

Mientras tomamos tranquilamente nuestro café, se hace la hora de salida de los “peques” de la guardería. Sólo en esta zona del ámbito, se han cedido gratuitamente al Ayuntamiento cinco parcelas para la  construcción de equipamientos públicos. Como resultado, los vecinos tienen al lado de casa una guardería, una escuela primaria y otra de secundaria.

El camarero, que mientras recoge los vasos oye nuestros comentarios, sonríe y nos dice: “¡Menudo cambio! La verdad es que aquí hemos pasado de las ruinas a tener uno de los barrios más bonitos de Madrid”.

Saludamos felices y satisfechas y nos marchamos a ver qué hay un poco más al norte… Pero esto se lo contamos la próxima vez.