Vivir en una torre

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Vivir en una torre

Mucho ha llovido desde que en la década de 1960 Sáenz de Oiza y sus Torres Blancas se atrevieran a reinventar la construcción residencial vertical en Madrid con este icono de hormigón, ejemplo de que los edificios altos son el campo de innovación de los arquitectos. Así lo constata Enrique Álvarez-Sala (Oviedo 1952), profesional de largo recorrido al frente del estudio homónimo y uno de los responsables de una de las distintivas torres de viviendas de más de 70 metros de altura que se levantaron en la zona contigua a Sanchinarro denominada Isla Chamartín, entre otros destacados proyectos de altura, como la torre que aloja el hotel Eurostars y las oficinas de Pwc en el complejo de las Cuatro Torres, que firmó junto a Carlos Rubio.

La construcción en altura concentra la actividad en un punto, potencia los alrededores y libera espacio para zonas verdes

En defensa de los edificios de viviendas en altura, Álvarez-Sala afirma que “conviven bien con otros más bajos y convencionales, concentran la actividad en un punto, potencian la zona de alrededor y liberan espacio para zonas verdes”. Este arquitecto prevé que “en el norte de Madrid (ciudad que según dice no es tan bajita como se piensa) van a surgir sin duda edificios altos, porque si tienes que meter una determinada edificabilidad para poder hacer todas las redes que se necesitan de saneamiento, metro, etc. Necesitas tener unos metros con los que compensar y eso, si lo concentras en construir edificios altos, puedes mejorar el entorno”.

En opinión de este experto, “no es tan importante cuál es la altura absoluta sino cuál es la relación con el edificio más próximo”. Según Álvarez-Sala, “la edificación en altura es como la Fórmula 1 de la construcción, se ha evolucionado mucho en los sistemas de aislamiento más ligeros y que permiten ganar metros útiles), las carpinterías, la concentración de instalaciones y los sistemas de producción de energía, mientras que los vidrios y módulos completos de fachada, que son la tendencia, permiten construir más rápido”.

Como oda a un futuro más sostenible de las ciudades europeas, el Bosco Verticale de Milán es toda una declaración de intenciones. Se trata de una torre residencial concebida como un auténtico jardín vertical inspirado en los mismísimos jardines colgantes de Babilonia que incorpora sofisticados sistemas de regadío y que fue declarado en 2015 el rascacielos más bello e innovador del mundo. Se erige como un visionario alegato a favor de los edificios altos y en contra de la dispersión urbana, capaz de contribuir a incrementar la biodiversidad vegetal y animal en una capital.

2017-05-12T09:19:28+00:00 10-05-17|Barrios, DCN, Destacadas|

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