Cuando Madrid se convirtió en capital de España

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Cuando Madrid se convirtió en capital de España

La designación de Madrid como capital influyó en su crecimiento y configuración a lo largo de la historia, marcando su carácter urbano

La capitalidad da a las ciudades un carácter distintivo: Londres, París, Viena, Lisboa… cada una con su identidad propia y sus particularidades, todas ellas tienen en común ser sede de instituciones, punto de encuentro y núcleo representativo de actividad. Eso condiciona su forma urbana y cómo es la vida en ellas, y lo mismo ocurre con Madrid.

A lo largo de los siglos, Madrid ha sido una ciudad cambiante. Su crecimiento y su imagen urbana han estado muy influidos por los diversos acontecimientos históricos que aquí ocurrieron. Y uno de los momentos decisivos que modificó la configuración de la ciudad, y marcó en buena media su rumbo, fue su designación como capital por parte de Felipe II en 1561. El clima, la ubicación en el centro de la Península, el agua abundante y la cercanía a El Escorial, pudieron influir en esta decisión real. Esta designación hizo que de la noche a la mañana la ciudad pasase a cobrar una súbita e inesperada importancia estratégica, y que la numerosa corte que acompañaba al Rey necesitase alojamiento en la Villa.

Para resolver esa necesidad habitacional, se recurrió a la ley de Regalía de Aposento, que era un derecho medieval que obligaba a los ciudadanos a ceder la mitad de la superficie útil de sus propias viviendas para usos asociados al séquito y a los funcionarios allá donde se encontrase la Corte. Dicha norma estaba activa desde hacía siglos, cuando la corte era itinerante, pero la carga se convirtió en permanente para los madrileños una vez esta fue fijada como capital.

La designación de Madrid como capital influyó en su crecimiento y configuración a lo largo de la historia, marcando su carácter urbano

Así comenzaron a surgir las llamadas “casas a la malicia”, edificaciones demasiado bajas o estrechas para poder hacer efectivo ese derecho, que por tanto quedaban liberadas de su aplicación. El crecimiento de población que supuso la nueva capitalidad, unido a la proliferación de esas casas bajas de una o dos plantas, influyeron en que Madrid creciese rápidamente en superficie, y no a lo alto. Algunas de esas casas tenían incluso una última planta abuhardillada cuyas ventanas no se mostraban a la calle para tratar de ocultar su verdadera superficie útil.

Cuando en siglos posteriores la ley se derogó, muchas de las casas bajas fueron sustituidas por otras viviendas de más altura y mejor distribuidas. Esta circunstancia explicaría por qué hoy en día se conservan en Madrid menos edificios de vivienda del siglo XVI que en otras grandes capitales europeas.

Tanto la expansión urbana inicial como la regeneración y sustitución posterior de edificaciones fueron en este caso fenómenos no planificados sino espontáneos, fruto de decisiones individuales que influyeron en gran medida en la configuración de la ciudad de los siguientes siglos.

A lo largo de la historia son varios los momentos en los que Madrid se ha reinventado a sí misma, en ocasiones de forma espontánea y en otras debido a una planificación intencionada. Actualmente, es Madrid Nuevo Norte el gran proyecto que va a transformar a mejor el norte de Madrid y que influirá de forma decisiva en la imagen y en el funcionamiento de la ciudad futura, regenerará zonas degradadas, completando y conectando los barrios, y aportando una nueva imagen para el siglo XXI que será un legado para las próximas generaciones.

2018-06-13T09:23:37+00:00 08-06-18|Destacadas|

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