Las llamadas “ciudades circulares” dan pasos hacia un desarrollo urbano que no agote los recursos naturales.
En los últimos tiempos se ha difundido ampliamente el término “economía circular”, una idea que a menudo se asocia al reciclaje de materiales y productos. Es cierto que ambos conceptos están estrechamente relacionados, pero la economía circular va más allá del reaprovechamiento de los residuos. Su objetivo es mucho más ambicioso: redefinir el modelo de crecimiento de modo que preste atención a los beneficios que puede producir para toda la sociedad.
Un esfuerzo por no agotar los recursos naturales que va de la mano con la apuesta por las fuentes de energía renovables y con la lucha por el cambio climático. Para la Ellen McArthur Foundation, una entidad británica dedicada a fomentar e impulsar la transición hacia un modelo de economía circular, este modelo se basa en tres principios: eliminar desechos y contaminación desde el diseño; mantener en uso los materiales y productos; y regenerar los sistemas naturales. Y las ciudades tienen mucho que decir respecto a esos tres puntos clave.
Ciudades que buscan un modelo sostenible
Según datos de ONU-Habitat, las ciudades consumen el 78% de la energía mundial y producen más del 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global. No obstante, representan menos del 2% de la superficie terrestre. Una pequeña porción del planeta que es, al mismo tiempo, su principal generador económico y cultural y que acoge a más de la mitad de la población mundial. Por todo ello, los entornos urbanos son un campo de acción privilegiado para la implantación de modelos de desarrollo más sostenibles.
Grandes ciudades como Londres, Nueva York o San Francisco ya han implementado iniciativas relevantes orientadas a la reducción de residuos. Milán, por su parte, desarrolla desde 2015 un ambicioso plan para limitar el desperdicio de alimentos en su área metropolitana. Y son sólo algunos ejemplos en el panorama internacional. Las iniciativas en esta dirección van desde políticas municipales a gran escala hasta proyectos puntuales que abordan problemáticas concretas. Un ejemplo de esto último está en Austin, Texas, una ciudad que ha apostado firmemente por la economía circular.
Una de las herramientas puestas en marcha en la capital tejana es el “Austin Materials Marketplace”, una plataforma online que pone en contacto a negocios, factorías y organizaciones para facilitar que reutilicen los recursos sobrantes de otras empresas. Lo que para una compañía es un residuo de producción, para otra puede ser una valiosa materia prima. Esto no sólo supone un ahorro de costes de materiales, sino la creación de puestos de trabajo y de nuevas oportunidades de negocio.
Además de dar una nueva vida a los materiales mediante el reciclaje, otra de las ideas básicas de la economía circular para consumir menos recursos es compartir productos y servicios, ahorrando costes, minimizando su impacto y optimizando su vida útil. En muchas ciudades se han implantado sistemas para compartir el medio de transporte, como es el caso cercano del sistema de bicicleta pública madrileña BiciMad, pero la lista de posibilidades es infinita.