La antigua carretera de Francia: de viaje en coche de caballos a través de la Castellana

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La antigua carretera de Francia: de viaje en coche de caballos a través de la Castellana

  • Rememoramos el papel histórico de la carretera de Francia, una vía de transporte que recorría hace un siglo el ámbito de Madrid Nuevo Norte.

  • Los carruajes partían de Cuatro Caminos y recorrían el pueblo de Fuencarral pasando por ermitas y santuarios.

El crecimiento de Madrid ha ido históricamente asociado, en gran medida, a los caminos y carreteras que partían de la Villa y Corte hacia otras localidades importantes de los alrededores: la calle de Alcalá, la calle de Toledo, la de Segovia y otras tantas sobradamente conocidas y representativas de nuestra ciudad, surgieron a partir de un sistema de vías radiales en torno a las cuales se iba construyendo y habitando. Pero no es un hecho tan conocido que la memoria de los terrenos donde se desarrollará el proyecto de Madrid Nuevo Norte está fuertemente vinculada a la que entonces se llamaba indistintamente Carretera de Francia o Camino de Irún. Esta vía recorría la actual calle de Bravo Murillo y continuaba por lo que hoy es la Castellana. Hasta principios del siglo XX delimitaba el término del casco urbano de Madrid a la altura de la glorieta de Cuatro Caminos: un nombre muy significativo de lo que en ese espacio ocurría, ya que Cuatro Caminos era la parada de postas para partir a Francia.

En la plaza esperaban los carruajes de caballos dispuestos a partir al país vecino: un lugar de referencia para viajeros cosmopolitas de todas las edades y dedicaciones, que se potenció aún más con la creación del Metro de Madrid. La línea 1, inaugurada por Alfonso XIII en 1919, conectaba, no fortuitamente, el centro de la ciudad, la Puerta del Sol, con este punto estratégico. Así, se conformó un lo que podría llamarse un primitivo “intercambiador de transportes” que permitía coger el Metro en el corazón de la ciudad y trasbordar a cualquiera de los carruajes que estaban preparados para partir.

Una vez en camino, el viaje discurría a través de Tetuán de las Victorias por el actual Bravo Murillo y al llegar a lo que hoy es la Plaza de Castilla giraba ligeramente hacia el norte para incorporarse al trazado del Paseo de la Castellana.

Los viajeros se encontraban entonces, sucesivamente, con varias ermitas que habían nacido a la vera del camino en los siglos XVI y XIX y que el proyecto Madrid Nuevo Norte va a restaurar y poner en valor como protagonistas de las grandes zonas verdes.

El viaje proseguía, encontrándose más tarde con el pueblo de Fuencarral y con el Santuario de Nuestra Señora de Valverde para poco a poco ir dejando atrás la silueta de Madrid.

Es la estampa de una geografía urbana que fue perdiéndose gradualmente con la creación de las sucesivas infraestructuras ejecutadas a lo largo del siglo XX. Al norte de la Plaza de Castilla las ermitas quedaron olvidadas por los madrileños, en una zona aislada por la barrera que supone la estación de Chamartín. Hoy, afortunadamente, vemos ya cerca el momento en el que los madrileños van a poder volver a hacer suyo ese recorrido, claro está, con las coordenadas renovadas de la movilidad del siglo XXI.

 

2018-05-17T08:52:42+00:00 14-05-18|Destacadas, No te pierdas el norte|

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