La Plaza Mayor, un histórico espacio público de uso cambiante

  • Madrid

La plaza más emblemática de Madrid ha acogido a lo largo de la historia los usos más variados, de mercadillos a actos solemnes, o incluso las primeras fiestas de San Isidro, con un concurso organizado por Lope de Vega.

Su espacio central ha permanecido diáfano la mayor parte de la historia, pero hubo momentos en los que acogió un exuberante jardín o sirvió de aparcamiento de coches.

 

plaza mayor de madrid gomez de mora barroco juan de villanueva historia

 

La Plaza Mayor es un lugar emblemático de Madrid para madrileños y visitantes. Lo es por su imponente presencia arquitectónica, y también por su simbolismo durante siglos como espacio cívico donde los madrileños se reúnen para grandes ocasiones. Una enorme explanada de 120 metros de largo por 94 de ancho que ha servido para los usos más diversos a lo largo de la historia, desde mercado al aire libre a lugar de festejos y actos solemnes, y ha tenido distintas configuraciones, llegando a contar con jardines en su superficie o incluso, durante décadas, a servir de aparcamiento para coches.

Hace exactamente cuatro siglos, en 1620, el arquitecto Juan Gómez de Mora finalizó las obras de la Plaza Mayor, un proyecto que le había sido encargado tres años antes por parte de Felipe III. El recinto elegido fue una laguna desecada fuera de la ciudad, llamada por entonces “plaza del Arrabal”, que servía de populoso mercado al aire libre, junto a la puerta de Guadalajara. El comercio se había establecido ahí desde la Edad Media de forma espontánea puesto que los comerciantes que llegaban desde Alcalá de Henares y Toledo —a través de caminos que más tarde se convertirían en calles—, no tenían que pagar los tributos para acceder a la villa, por situarse extramuros.

“Felipe III” – explica Pedro Montoliú, cronista oficial de la Villa de Madrid- “pensó la plaza principalmente como lugar donde celebrar espectáculos, procesiones y actos públicos sin que tuviera que desplazarse lejos, ya que estaba próxima a su residencia, y para ello se reservó la primera planta de la Casa de la Panadería, el primer edificio en terminarse, desde cuyo balcón real podía ver toda la plaza”.

 

Mercados y mercadillos, una constante a lo largo de la historia

Una vez terminada la plaza, el antiguo mercado siguió funcionando, y la actividad comercial se reservó a los bajos de la plaza, que se fueron repartiendo los distintos gremios. Entre la calle Ciudad Rodrigo, que entonces se llamaba calle Nueva, y la calle Toledo, se pusieron los portales de paños; entre Toledo y Gerona, los cáñamos y sedas, entre Gerona y Sal, los portales de quincalla…”, explica Montoliú. Además, a pesar de estar prohibida desde 1599 la venta ambulante y callejera por orden del Consejo de la Villa, ésta nunca llegó a desaparecer, y la Plaza Mayor se seguía ocupando por puestos informales de prenderos, ropavejeros y otros vendedores. Dichos gremios fueron expulsados de la Plaza Mayor en el siglo XVIII, dando origen en su nueva ubicación, más al sur, al Rastro de Madrid.

 

Mercado callejero en la Plaza Mayor historia de madrid

Ya sea organizado por gremios, ya sea ambulante, el comercio ha estado siempre presente en la historia de la Plaza Mayor.

 

Aquel uso histórico de la plaza como mercado al aire libre tiene un heredero en el popular mercadillo navideño que en ella se instala cada diciembre, con sus puestos de belenes, adornos, abetos y artículos de broma. Un mercadillo que parece llevar allí toda la vida, pero comenzó a partir del siglo XIX, y entonces “lo que se vendía en la plaza al llegar la Navidad no eran belenes, sino pavos y aves”, destaca Montoliú. Otros puestos tradicionales y característicos de este espacio, que forman el mercadillo semanal de sellos y monedas, son incluso posteriores, ya que, como indica el cronista, el intercambio filatélico y numismático “no llegó hasta 1927”.

 

mercado de navidad puestos navidenos en la plaza mayor de madrid

El mercado de Navidad se lleva celebrando en la plaza desde el siglo XIX.

 

Festejos y actos de todo tipo

Desde su construcción, toda procesión o acto religioso de importancia partía, terminaba o se celebraba en la Plaza Mayor. Un acto en particular destacó entre todos, ya que, comenta Montoliú, supuso prácticamente la inauguración del nuevo espacio porticado. Acabada de construir a principios de 1620, “el primer acto importante es el 15 de mayo de ese mismo año, para celebrar la beatificación de San Isidro”. Prosigue narrando el cronista: “Se tiró la casa por la ventana: hubo 156 estandartes, 78 cruces, mascarada, danzas, fuegos artificiales, una justa poética organizada por Lope de Vega…” Fueron, de hecho, las primeras fiestas de San Isidro de la historia, que fijaron el 15 de mayo para conmemorar al patrón de la Villa.

 

Fiesta real en la plaza Mayor 1623 Autor Juan de la Corte Memoria de Madrid

El “juego de cañas” de una fiesta real celebrada en la Plaza Mayor en 1623. Autor: Juan de la Corte. Memoria de Madrid

 

El lado más tétrico de la historia de la plaza lo personifican los “autos de fe” de la Inquisición que se celebraron en el siglo XVII en su espacio central. Pero a lo largo de la historia tampoco faltaron en este espacio jolgorios públicos de todo tipo: desde el lanceo medieval de estafermos (monigotes con los que se entrenaban en las artes de la guerra los caballeros), cuando aún era plaza del Arrabal, hasta “juegos de cañas” que simulaban batallas para los reyes, o mascaradas celebradas por los gremios de comerciantes por Carnaval. Y en cuanto a eventos con relevancia histórica, fue el escenario elegido en 1808 para la proclamación de Fernando VII.

 

400 años de cultura sin fin

La Plaza Mayor ha mantenido carácter de recinto cultural desde su nacimiento. Y es que el rey Felipe III, en aquellas primeras fiestas del 15 de mayo, encargó al mismísimo Lope de Vega que organizase en la plaza unas justas poéticas en las que escritores de renombre competirían con jóvenes poetas noveles, en diferentes modalidades de composición.

Esa faceta cultural se mantiene viva año tras año. “Durante muchísimos años los Veranos de la Villa han tenido ahí uno de sus escenarios, siempre ligado a temas de casas regionales, de zarzuelas y a la historia más tradicional de Madrid”, destaca Montoliú. Durante varios veranos de los años ochenta del pasado siglo, el productor y director teatral Antonio Guirau ambientó toda la plaza como un gran escenario que recreaba distintas épocas, desde el Madrid de los Austrias a los “festivos años 20”, y en el cual se representaban fragmentos de obras de teatro. Además, son innumerables los conciertos que se han celebrado en la plaza en las últimas décadas, desde la Novena de Beethoven a éxitos del pop, desde músicas regionales a rock alternativo, todos los géneros han tenido cabida entre sus cuatro fachadas.

La Casa de la Panadería y su Salón Real también han sido contenedores de cultura y, nos recuerda el cronista, han acogido en distintos siglos a instituciones como la Academia de las Nobles Artes, la Academia de la Historia, el Archivo y Biblioteca Municipal de la Villa y un centro cultural.

 

Festejo taurino real en la Plaza Mayor en 1664 Memoria de Madrid

Óleo que representa un festejo taurino en la Plaza Mayor en torno a 1664. Imagen: Memoria de Madrid.

 

Rejoneo en un “ruedo rectangular”

Hace 400 años, este espacio diáfano al aire libre resultaba ideal para grandes acontecimientos y espectáculos, y las corridas de toros eran entonces los más populares. La guardia real se situaba con lanzas alrededor de la plaza, y en el centro se toreaba a caballo. “Durante los festejos, los caballeros se lucían para cobrar fama y la gente estaba interesada en ir y ser vista. Había una auténtica pelea por los balcones cercanos al balcón real, y los precios estaban regulados”, indica Montoliú. Los vecinos de la plaza sacaban buen provecho de la situación: “En la planta primera de la Casa de la Panadería estaban los reyes, pero las superiores eran viviendas a las que se permitía alquilar sus balcones para las corridas, como si fueran palcos. Se estipuló que un balcón del primer piso costaba doce ducados; los del segundo, ocho; en el tercero seis; los del cuarto costaban cuatro y los del quinto, tres ducados”, detalla el cronista.

Los festejos taurinos tuvieron lugar en la Plaza Mayor con regularidad hasta que en 1846 se celebró el último, con motivo de la doble boda real de Isabel II y su hermana la infanta María Luisa. Las corridas de toros en la Plaza Mayor habían empezado a decaer mucho antes, a partir la inauguración en 1737 de un primer ruedo provisional de madera en la orilla del Manzanares. La Plaza Mayor todavía acogería una más, en tiempos recientes. La organizó el Círculo de Bellas Artes en 1970, para recordar y recrear ese capítulo de la historia de este espacio urbano.

 

Plaza Mayor en 1860 ajardinada parque Eusebio de Lettre Memoria de Madrid

La Plaza Mayor acogió un frondoso jardín desde 1843 y 1936., como muestra esta postal de la época.

 

¿Escenario, jardín, aparcamiento?

A lo largo del XIX, la vecina Puerta del Sol adoptó su actual estructura y ganó protagonismo frente a la Plaza Mayor, que deja entonces de ser ese centro de festejos y adquiere otros usos. A mediados de ese siglo se decidió que albergara un exuberante jardín para darle un aspecto afrancesado, pero en 1935, se le encarga al arquitecto Fernando García Mercadal que devuelva el conjunto urbano a su estado anterior y primigenio. A partir de entonces ya nunca volvió a verse arbolado en la Plaza Mayor, pero pronto lo sustituirían otros protagonistas con ruedas. Primero, el lugar “convirtió en una central de la que partían las cabeceras de muchas líneas de tranvías. Más tarde, se decidió que era un sitio ideal para hacer un aparcamiento”, detalla Montoliú. El cronista oficial de la Villa se lamenta por “el poder del tráfico, que ha sido tan dañino y ha condicionado tanto el urbanismo y hasta la historia de Madrid”.

 

plaza mayor aparcamiento estacionamiento coches en los anos 60 madrid

La plaza, en los años 60, tomada por los coches. Foto: Gianni Ferrari / Getty Images

 

Hasta la construcción de un aparcamiento subterráneo, entre 1967 y 1969, la superficie de la plaza quedaría desvirtuada e invadida por el estacionamiento de vehículos, como muestran las fotografías de la época. Posteriormente, ya en los años 70, su explanada pudo volver a utilizarse para encuentros, festejos y mercadillos y, poco a poco, fueron cobrando cada vez más protagonismo las terrazas de los restaurantes y las tiendas de recuerdos, conviviendo así el turismo con la vida cultural y la identidad de nuestra ciudad en un espacio urbano acostumbrado a los cambios a lo largo de su historia.

17 agosto 2020

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Distrito Castellana Norte


17 agosto 2020

por Distrito Castellana Norte