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Real Canal del Manzanares: el sueño barroco de navegar desde Madrid a Lisboa

  • Madrid

En el siglo XVIII la dinastía borbónica impulsó un proyecto para hacer navegable el Manzanares, conectar Madrid con el Tajo y crear un acceso fluvial al Atlántico.

Tan ambiciosa empresa se materializó en 22 kilómetros de canal que, partiendo del puente de Toledo, se prolongó hasta Vaciamadrid y llegó a contar con diez esclusas.

 

Décima esclusa del histórico Real Canal de Manzanares, en Getafe

Décima esclusa del histórico Real Canal de Manzanares, en Getafe. Foto: Bonet 86.

 

El Real Canal del Manzanares fue uno de los proyectos hidráulicos más ambiciosos ideados para Madrid, una empresa para cuya concepción y diseño participaron, a lo largo de distintos reinados, numerosos ingenieros y arquitectos de los siglos XVIII y XIX.

La infraestructura trataba de unir la capital con Aranjuez mediante un canal fluvial que llegaría hasta Lisboa por el Tajo, aunque solo se llegaron a ejecutar 22 kilómetros, una muy pequeña parte de este recorrido. Si bien el sueño nació en la época de Felipe II, tras una serie de estudios preparatorios, sería Carlos III quien ejecutaría la mayor parte de las instalaciones, prosiguiéndose los trabajos de construcción y mantenimiento durante los reinados de Fernando VII e Isabel II.

Las obras arrancaron en 1770. El canal comenzaba bajo el Puente de Toledo, donde captaba aguas del Manzanares, y discurría paralelo a la margen izquierda del río, cruzando el arroyo Abroñigal y atravesando las localidades de Perales del Río y Rivas Vaciamadrid hasta desembocar en el Jarama. Una enorme infraestructura hidráulica y un complejo sistema de esclusas, diez en total, que comunicaban los tramos a diferente nivel y permitían la navegación por su curso. Las barcazas llegaban a las compuertas, donde se vaciaba o se llenaba parcialmente de agua el interior del vaso hasta igualar su nivel con el tramo siguiente. El número de esclusas de la obra era muy numeroso en relación con el pequeño desnivel existente entre el inicio y el final del tramo del río, pero el escaso caudal del Manzanares hizo que se optara por construir muchas esclusas para compensar la falta de agua entre tramo y tramo, algo que complicó el mantenimiento del sistema.

 

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El Real Canal del Manzanares en una litografía del siglo XIX. Foto: Memoria de Madrid.

 

La navegación se realizaba utilizando pequeñas barcazas o chalupas que partían y llegaban a Madrid desde la vega del Manzanares. En un principio, el canal se usó para el transporte de materias primas y productos de cultivo, aunque más tarde, a mediados del siglo XIX, Fernando VII le añadiría carácter lúdico, embelleciendo el recorrido. Pensada originalmente para impulsar la industria, esta infraestructura fue utilizada para abastecer a la capital de materias primas como yeso y piedra para la construcción, como destaca el libro del arqueólogo Jorge Morín de Pablos sobre las excavaciones realizadas en el Real Canal.

Tras la Guerra de la Independencia, Fernando VII reparó los desperfectos ocasionados por la contienda y completó el canal hasta el municipio de Rivas. Allí estaba previsto que se erigiera otro embarcadero, que no completó su construcción.

La pérdida de las colonias, la crisis económica de finales del XIX y la llegada del ferrocarril afectaron al proyecto, que nunca llegó hasta el Tajo como estaba previsto, aunque se mantuvo en funcionamiento hasta 1860.

 

Restos arqueológicos del Real Canal

En la actualidad, el Real Canal del Manzanares forma parte del patrimonio histórico y natural del Parque Lineal del Manzanares. Sus restos permanecen a lo largo de la ribera del río: esclusas, casas del peón, molinos, hornos y puentes jalonan su curso, testimonio de este hito de la ingeniería hidráulica que permiten intuir cómo era de ambicioso el proyecto.

El tramo inicial del histórico canal, junto al Puente de Toledo y que pasaba cerca del actual Parque de la Arganzuela y el Matadero, desapareció por completo. Del embarcadero de Madrid solo nos quedan planos, dibujos y una instantánea tomada por el fotógrafo decimonónico francés Jean Laurent.

 

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Imagen, tomada en 1863 por el fotógrafo francés Jean Laurent, del hoy desaparecido embarcadero de Madrid, proyectado por el arquitecto Isidro González Velázquez. Foto: Memoria de Madrid.

 

Más allá, en el primer tramo del Parque Lineal del Manzanares tampoco queda resto alguno de esta infraestructura, tras muchos años de degradación previos a que se construyese el extenso parque que es hoy esa zona de ribera, presidida por la escultura de la Dama del Manzanares.

Sí se conservan restos más evidentes de esta gran obra de ingeniería en la parte que transcurre por los denominados tramos 2 y 3 del Parque Lineal y que llegan al Parque Regional del Sureste.

 

Esclusas, puentes y gallipuentes

En esa zona, más alejada de la capital, aún se pueden ver restos arqueológicos de esclusas, puentes y acueductos como los del CongostoCambroneras y Migueles-Hundimiento. El primero es el que se conserva en mejor estado, con su gran arco de medio punto bajo el cual circulaba el canal, mientras que su estructura superior canalizaba las aguas del arroyo del Congosto y facilitaba el paso a personas y animales que cruzaban los campos. Además de estos puentes se construyeron otros llamados gallipuentes, de tamaño más reducido y sin barandas, que se solían construir sobre las acequias. Igualmente, en este tramo siguen en pie algunas edificaciones de la época de Fernando VII que sirvieron para la construcción del Canal.

Siguiendo el curso del río se pueden contemplar restos de más esclusas, destacando las tres últimas —de la octava a la décima—, por su majestuosidad y buen estado de conservación.

 

Casa antigua proxima a la cuarta exclusa del real canal del manzanares

Casa antigua próxima a la cuarta esclusa. Foto: Álvaro Bonet para el blog de la Plataforma de amigos del Real Canal.

14 enero 2022

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Distrito Castellana Norte


14 enero 2022

por Distrito Castellana Norte